miércoles, 16 de julio de 2014

La Gran Montaña verde

La Gran Montaña verde
(sobre texto de A. Vanasco)

González estaba tirado bajo el auto viejo tratando de encender el motor. El petróleo era escaso en esa zona del continente. Hacía 30 años aproximadamente que no había expendio de combustible al ciudadano común y todo lo que se podía conseguir era contrabandeado.
González además estaba incómodo debajo del auto porque la máscara de aire no le permitía moverse con soltura. Las sofisticadas máscaras de aire también se conseguían en el mercado negro. Solamente la familia real y la nobleza cercana tenían acceso a grandes cámaras de aire en sus mansiones; y a los depósitos artificiales de combustibles fósiles que adornaban sus jardines. Grandes jardines. Hermosos jardines. Con mucha vegetación para generar oxígeno en la Zona Exclusiva.
González vivía solo. Bah, casi solo. Tenía una familia de perros policías que lo acompañaba siempre. Fieles servidores de su amo. Celosos y tiernos.

lunes, 14 de julio de 2014

EL ESPEJO NEGRO

 EL ESPEJO NEGRO
(sobre texto de Leopoldo Lugones)

El doctor Paulin hizo un par de pasos atrás.
El espejo estaba incendiándose y no sabíamos qué hacer, cómo detener el fuego negro y espeso que brotaba sin cesar.
Salí corriendo a buscar un balde de agua o arena para tirarle encima. Paulín me detuvo antes de pasar la puerta: “Deje nomás, que se apague solo, veremos qué sucede”.
Estuvimos casi media hora, mirando abombados la rara fogata. El doctor pensaba. Yo estaba anonadado.
Finalmente todo volvió a la normalidad, no quedaron rastros del incendio, el espejo negro con su corazón de carbón y pensamientos, quedó como si nada hubiera pasado. Cuando se enfrió, el doctor lo tomó y lo miró detenidamente. Lo desarmó.

viernes, 11 de julio de 2014

LA AUSENTE

LA AUSENTE
(sobre el texto de Eduardo Mallea: Conversación)

Estaban solos en la biblioteca.
La sala de lectura era amplia, con arcos romanos en las paredes laterales y un gran mandala en el centro del techo.
Los sonidos de la avenida no se escuchaban. La gran puerta de madera de la entrada estaba arrimada y solamente se escuchaba el cantar de algunos gorriones que picoteaban incansablemente unas migajas en el patio cercano.
Mario se corrió el flequillo hacia la derecha y se apuró a decir aquello que le carcomía la conciencia:
-Somos hijos del rigor. Somos demasiado hipócritas, amigo.
Nicolás sonrió nuevamente y lo miró de reojo:

sábado, 5 de julio de 2014

Suburbios

A Carlos Mastronardi


Un camino sagrado
Inventado por dioses primigenios
Una bella calle de tierra,
Territorio de barros amigables.

Semanalmente pasaba el naranjero
Con su carretilla inventada por el viento
“¡Naranjas, naranjas, naranjero!”
Con unas monedas o
Palabras justas/ sabíamos obtener el
Premio de la Siesta.

El fin de semana era la gloria
A pesar de gigantes hormigueros
Rebotando la pelota endemoniada
La cancha de fútbol para grandes, nuestra Patria
Y el Gol, la furiosa estrategia imaginada.