miércoles, 20 de agosto de 2014

RESPLANDORES PARA JUAN L. ORTIZ


Contratapa del libro


Raúl Gustavo Aguirre - 1976

Humanos: es todavía una esperanza.

*

Sopesan y calculan, no entregan, no se entregan. La noche los deja aparte de sus encantamientos: la noche les ladra.

*

Porvenir: yo no traté de conquistarte. Fuiste siempre apenas una gradación maravillosa en un amanecer demasiado vasto como para no sentirnos venturosos con su sola presencia.

*

Estarás perdido cuando tus papeles signifiquen para los otros más que la persona que está en ellos.

*

Expertos en reviviscencia: un oficio para hoy.

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La incapacidad de encontrarse en las cimas, cuando todos los caminos convergen, y se mira hacia abajo o hacia arriba antes de mirar hacia el otro.

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Que ya no nos amemos sobre los vastos campos o las playas sin fin, en la gloriosa exuberancia solar, es una vergüenza.

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La luna se yergue, desolada, sobre una tierra cada vez más parecida a la luna, que los poetas deben desmentir.

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El mal que irradian consiste posiblemente en que desean aplicar la felicidad como una inyección, el amor como una panacea, el sueño como un narcótico, y en que ignoran que antes que nada es necesario caminar, caminar buenamente en la humildad de los bosques azulados...

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Me preocupan, claro, porque faltan a la mesa. Gorriones que no alborotan.

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Aquí estamos, ¡mortalmente vivos!

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Persistimos aún en leer con los últimos resplandores del crepúsculo. Durante el día, la claridad por donde vuelan los ojos les sirve para entenderse con los sucesos inenarrables.

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Sin el concurso de cierto candor, todo amanecer sería imposible. La muerte en que nos hundimos cada noche sería demasiado razonable.

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Loba: de tus noches de aullido en otros mundos sólo traes a éste un silencio que subyuga y que aterra.

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El enigma no punza: absorbe los sesos. Punza lo que aún es apenas acertijo.

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La desaparición de los objetos, incluido el observador. ¿No es acaso impresionante? Restarían amores verdaderos sin nombre y sin número, en estado de claridad absoluta.

*

El picaflor tiene el acierto de aparecer raramente, pero siempre en el momento oportuno. Cada vez que se cruza contigo, como hoy, parece confirmarte que, a pesar de las apariencias, sólo lo que dura un instante existe.

*

Sin los vientos, no existirían los tiempos. Lo sabe la rosa. Lo sabe el boyero que cantó cerca de ella antes de partir.

*

Somos ese misterio tan claro, tan claro...


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De “Poemas para Juan L. Ortiz”, varios autores, Rosario, Ediciones La Ventana, 1976. Tipeado hoy lunes 18 de agosto. Recordando a José de San Martín,a Merceditas y a Rosa Guarú.

sábado, 16 de agosto de 2014

10 Libros Favoritos

EL ÁNGEL INCLINADO, de Juan Laurentino Ortiz.
EL INFORME DE BRODIE, de Jorge Luis Borges.
LA BALADA DEL ÁLAMO CAROLINA, de Haroldo Conti.
REFRACCIONES, de Emma Barrandeguy.
CONOCIMIENTO DE LA NOCHE, de Carlos Mastronardi.
DIBAXU, de Juan Gelman.
DIARIO DEL FUMIGADOR DE GUARDIA, de Arnaldo Calveyra.
OREJA TOMADA,  de Manuel Alemián.
SANDOKÁN, de Emilio Salgari.
VIAJE AL CENTRO DE LA TIERRA, de Julio Verne.




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miércoles, 13 de agosto de 2014

No podía escribir

«Seco el campo y la hondonada/ Se arquea a tu capricho». AGF



Ella suspiraba sus palabras quietas
Pájaros pequeños con miedo al abismo
Ella masticaba [rumiaba su canto]
Silbando en silencio vocales audaces

Labios consonantes que buscaban manos
Como descifrando un mapa enterrado
En un cuerpo hastiado de buscar respuestas
Ella ya podía buscarse [en su tiempo]

El destino quiso que el crayón viniera
Y la voluntad de agarrarlo con fuerza
Cosa del derecho [o cosa fortuita]
Ella masticaba rumiaba sus letras

Su nombre en la hoja [también de sus hijos]
Su historia en el cuerpo

Ya podía escribir [demiurga en silencio]
Ella sonreía como niña buena
Que una vez [muy lejos] quizás deletreaba
Yo quie-ro [yo soy] yo pue-do.


Incluído en la antología LA MUJER ROTA (México)

sábado, 2 de agosto de 2014

Enterrar un poema

«Mis dedos reconocen/ de pronto, estremecidos/ tu caliente dulzura» PN



Enterrar un poema
Un año
Enterrarlo en agosto y
Sacarlo Otro agosto

Enterrar el Miedo
Y el ocaso
Un año completo
Con todos sus segundos y rencores

Resucitar la calma
Despareja
Distribuir los dones
Subterráneamente
Debajo del Poema
Y de la muerte.

Dormir con hormigas
Vietnamitas

Inventando el Rito
Celebrando el poder.
Durmiendo un año
Completo
Con todas toditas sus Barrancas
Con todos sus Sueños postergados.

Enterrar la duda
Y la nostalgia

Enterrar un hueso
Enterrar un ofrenda

Caminar en túneles
Correr en túneles
Decir un código secreto
allá abajo.

Enterrar un poema
Embebido en Caña
Inventando el Rito
Subterráneamente
Un año completo

Resucitar la Furia
Omnisapiente
Un año completo
Explotarlo
Festejando el poder.
Enterrarlo en agosto y
Sacarlo Otro agosto

Un poema
Un hueso
Uno mismo.

miércoles, 16 de julio de 2014

La Gran Montaña verde

La Gran Montaña verde
(sobre texto de A. Vanasco)

González estaba tirado bajo el auto viejo tratando de encender el motor. El petróleo era escaso en esa zona del continente. Hacía 30 años aproximadamente que no había expendio de combustible al ciudadano común y todo lo que se podía conseguir era contrabandeado.
González además estaba incómodo debajo del auto porque la máscara de aire no le permitía moverse con soltura. Las sofisticadas máscaras de aire también se conseguían en el mercado negro. Solamente la familia real y la nobleza cercana tenían acceso a grandes cámaras de aire en sus mansiones; y a los depósitos artificiales de combustibles fósiles que adornaban sus jardines. Grandes jardines. Hermosos jardines. Con mucha vegetación para generar oxígeno en la Zona Exclusiva.
González vivía solo. Bah, casi solo. Tenía una familia de perros policías que lo acompañaba siempre. Fieles servidores de su amo. Celosos y tiernos.